Querida Amiga:
Sin siquiera imaginarlo, crecimos y por razones del destino, o preferencia, nos distanciamos, razones que los dos conocemos y sabemos que no son por obra divina. Es quizás por esto mismo que me tomo el tiempo y me armo de ganas para rememorar ciertos momentos y palabras dichas, palabras que en efecto, fueron simples declaraciones vacías.
Te adoro, fuiste una de mis mas grandes amigas, contigo compartí veranos, otoños, inviernos y primaveras, siempre bajo las leyes de la mas sincera y profunda amistad, me atrevería a decir que casi una hermandad, es por esto que nuestro distanciamiento no fue algo fácil de entender para mi, siempre me cuestioné por qué y nunca entendí, o quise entender, las razones.
Cuando nos veíamos, no era lo mismo, yo te esperaba con ansias, pero nunca volví a sentir esa confianza plena, ese sentimiento de comodidad y ese descanso que se siente cuando sabes que realmente tu amigo te escucha y comparte tus emociones.
Recuerdo una vez que hablamos que seríamos amigos por siempre, que de alguna forma u otra, estaríamos unidos, recuerdo también, nuestras tardes de asoleo en la terraza de la casa de Pichidangui, cuando cantábamos y reíamos por estupideces que se nos ocurrían, no puedo olvidar cuando caminamos eternamente por la Alameda y Providencia, para ir a tomar un helado al McDonalds de Lyon, esos días en que tomábamos la micro sin destino y caminábamos escuchando música y riéndonos de la gente.
Nuestra amistad ha estado llena de momentos que me llenaron y me hicieron feliz, nuestras conversaciones, nuestras risas y chistes que solo los dos entendíamos, nunca necesitamos más que nosotros dos para ser felices, tantas palabras y consejos que nunca olvidaré, tanta contención emocional que nos dimos, éramos los mejores amigos.
Ahora, con tanto cambio y distancia, con tanta cosa, es cuando me cuestiono y me emociono recordando todas esas cosas, ¿dónde quedó todo eso?, ¿en el bolsillo de tu pololo?, ¿en tu sumisión?, no sé, sólo sé que si en algún momento tuve la esperanza de volver a ser lo que fuimos, con tu casamiento, mi ilusión se derrumba, creo que nunca volveremos a ser lo que fuimos y creo que nunca más podremos estar tan conectados como lo estuvimos.
Que pena todo esto, nunca pensé estar escribiéndote una carta con este tema, ni planteando un “final”, pero es necesario, prefiero que seamos sinceros y todo quede claro, que esperar por semanas un llamado o noticias tuyas, como lo vengo haciendo hace al rededor de un año.
Espero que no te olvides que, de cierta forma, yo voy a estar siempre para ti y que cuando me necesites, ojalá poder estar. Espero, también, que entiendas que no estoy enojado, es tu vida y tu felicidad y como me dice Marcelo “Las personas no te pertenecen”, no pienses que me molesta que quieras armar tu vida, no es eso, me molesta y me duele pensar que después de esto ya no hay nada mas, porque sinceramente, creo que, ya no se ve nada mas.
Te Quiero…


